logos

El descubrimiento del Parque Natural Tajo Internacional

Imprimir
PDF

El río Tajo camina por las entrañas de la Península Ibérica, en un recorrido que es el más largo de todos los ríos, con más de 1.000 kilómetros. En cada tramo, muestra el reflejo de la personalidad del entorno que atraviesa, al mismo tiempo que le ofrece el ímpetu de sus aguas. Desde su nacimiento, hasta su desembocadura en Lisboa, el Tajo regala paisajes de serena belleza.

Y es en Extremadura, en el suroeste de la provincia de Cáceres, donde el río identifica el Parque Natural Tajo-Internacional, un espacio de 25.000 hectáreas con un ecosistema marcado por el clima y las aguas de un río que nos ofrece imágenes espectaculares y diversas: sorprendentes roquedos y cortados, que son el refugio de especies como la cigüeña negra, el alimoche o el águila real, o terrenos más llanos con dominantes dehesas de encinas. La acción del hombre también ha modelado este espacio con la construcción de embalses y obras magníficas como el Puente Romano de Alcántara.

Un paisaje en el que viajero también descubrirá un valioso patrimonio artístico y etnográfico, con abundantes restos megalíticos, y ejemplos de culturas como la romana, la visigoda o la judía. Un andar que nos llevará a conocer los once municipios que forman parte del Parque Natural Tajo Internacional: Cedillo, Herrera de Alcántara, Santiago de Alcántara, Valencia de Alcántara, Carbajo, Membrío, Alcántara, Brozas, Salorino, Herreruela, Zarza la Mayor. Y en cada uno de ellos un alto en el camino para el descanso y deleite del paladar con las más exquisitas viandas.

Y como apoyo en el viaje hacia este rincón de Extremadura, de aguas que han arropado la historia de un pueblo, que ahora son su presente y futuro, la tierra ha trazado rutas a través de un río que es línea fronteriza con Portugal. Un camino de aventura, naturaleza y cultura que se unen en el Parque Natural Tajo Internacional y que aconsejamos iniciar en el Aula de Naturaleza “Tajo-Sever” (Cedillo) y en el Centro de Interpretación “El Péndere”, (Santiago de Alcántara).

En el año 2000 este espacio es declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) bajo el nombre de “Tajo Internacional y Riberos” en cumplimiento de la Directiva Comunitaria Aves. Ese mismo año se declara Parque Natural la orilla portuguesa y en 2006 mediante la Ley 1/2006 de 7 de julio, se declara en el territorio extremeño el Parque Natural Tajo Internacional, cuyos límites fronterizos son coincidentes en buena parte con los del parque portugués.

Proyecto Tajo Internacional

Tajo Internacional es un Proyecto de Cooperación Transfronteriza España-Portugal, entre socios españoles y portugueses, siendo la Diputación de Cáceres jefe de filas. Territorialmente, el proyecto se desarrolla en un espacio fronterizo compartido por Cáceres, Beira Interior y Alto Alentejo, declarado Parque Natural en los dos Estados.

El proyecto persigue la conformación de un destino turístico Tajo Internacional, desarrollando estrategias de cooperación territorial que valoren los recursos naturales, culturales e históricos ligados al Parque Natural de Tajo Internacional. De esta forma se contribuirá al desarrollo social y económico de este territorio fronterizo.

Entre las acciones que se llevarán a cabo están la mejora de las infraestructuras y servicios turísticos de la zona, mejora de la accesibilidad o definición de planes estratégicos, siempre teniendo como referencia la sostenibilidad de las acciones y de la cooperación transfronteriza (por lo que se pondrá en marcha la Comunidad de Trabajo Tajo Internacional). El conjunto de productos sobre un territorio delimitado de veinte municipios extremeños y portugueses es lo suficientemente diverso como para ser aprovechado para poner en valor este espacio.

El proyecto está cofinanciado con fondos FEDER, y participan en el mismo la Diputación de Cáceres, la Dirección General de Medio Natural, la Dirección General de Desarrollo Rural, la Dirección General de Turismo, la Dirección General de Ordenación del Territorio y los municipios portugueses de Indana-a-Nova, Castelo Branco, Penamacor, Vila-Velha, Nisa, Castelo de Vide, Portalegre, Marvao y Gaviao.

Geomorfología y paisajes

A diferencia de lo que ocurre en su recorrido por tierras castellanas, donde el río Tajo forma un verdadero valle con llanuras y terrazas, en su recorrido cacereño el valle del río se convierte en una estrecha entalladura, la llamada entalladura del Tajo, que corta la penillanura cacereña. Tan sólo las duras cuarcitas de Monfragüe suponen un obstáculo en su discurrir, que con todo superó en profundos tajos.

Esta estrecha y profunda entalladura del río con más de 100 m de profundidad, rasgada por innumerables arroyos, es lo que conforma lo que denominamos riberos, terrenos abruptos y con una frondosa vegetación que contrastan plenamente con los terrenos de dehesa y extensos pastizales pseudoesteparios de la penillanura.

En su tramo fronterizo con Portugal, en los terrenos del Parque Natural, es donde los riberos adquieren una mayor relevancia debido a la confluencia de numerosos cursos de agua. Y es que pese a su nombre, en el Parque Natural del Tajo Internacional nos encontraremos junto al río principal tres ríos de gran importancia, cada uno de ellos con su propia personalidad y sus propios riberos: el Erjas, el Salor y el Sever.

Por el norte el río Erjas, que nace en la sierra de Gata, atraviesa los duros terrenos graníticos del macizo Hespérico creando puntos de un elevado valor paisajístico en su tramo fronterizo como son los impresionantes cañones de Peñafiel y de Segura, donde se forman profundos tajos con paredes casi verticales de granito y por donde el río discurre en pequeños rápidos entre bloques de granito. El primero de ellos podemos observarlo desde el propio castillo de Peñafiel en Zarza la Mayor, o bien desde el pueblo portugués de Salvaterra do Extremo y el segundo, aguas arriba del puente romano de la carretera que une Piedras Albas con la localidad portuguesa de Segura.

Por el sureste el río Salor, que nace en la sierra de Montánchez y atraviesa los terrenos pizarrosos de los llanos cacereños, aporta al parque unos riberos más suaves con afloramientos pizarrosos y dientes de perro en sus laderas cubiertas de acebuchales y encinares, vegetación típica de entornos de gran termicidad y cuyo cauce discurre entre pizarras lamidas por la erosión que en algunos puntos llegan a formar las conocidas marmitas de gigantes, que podremos observar desde las carreteras que unen Herreruela con Brozas y Membrío con Alcántara.

Por último, desde el suroeste, por el extremo occidental del Parque Natural, se incorpora el río Sever, nacido en la portuguesa sierra de Sao Mamede y que debido a una mayor influencia atlántica que recibe esta zona y la de Sierra Fría en Valencia de Alcántara, permite la recreación de ambientes propios del norte cacereño, con alisedas umbrosas con abundantes helechos y aguas transparentes de corriente rápida. Un buen ejemplo de ello lo encontraremos en el Molino de la Negra de Valencia de Alcántara. No podemos olvidar que al margen de estos tres ríos que se unen al Tajo dentro del Parque Natural, encontraremos otros cauces secundarios pero de gran entidad y de un altísimo valor paisajístico que contribuyen a dar una mayor complejidad paisajística a este espacio natural, como la Rivera de Aurela, la Rivera de Carbajo, la Rivera de Calatrucha ,por citar sólo algunas del lado español.

No podemos olvidar que al margen de estos tres ríos que se unen al Tajo dentro del Parque Natural, encontraremos otros cauces secundarios pero de gran entidad y de un altísimo valor paisajístico que contribuyen a dar una mayor complejidad paisajística a este espacio natural, como la Rivera de Aurela, la Rivera de Carbajo, la Rivera de Calatrucha ,por citar sólo algunas del lado español.

Vegetación y flora

Aunque dominada por la importancia de su ornitofauna las formaciones vegetales del parque natural y su entorno merecen ser valoradas por su grado de conservación y por su diversidad.

El entorno del parque está constituido en su mayor parte por terrenos adehesados con la Encina (Quercus ilex subsp. ballota) dominando en la parte este y el Alcornoque (Quercus suber) en la zona oeste de mayor influencia atlántica. De la degradación de los primeros han surgido formaciones de retamares (Retama sphaerocarpa) y pastizales naturales de tipo pseudoestepario concentrados en los Llanos de Brozas y Alcántara.

Dentro del Parque Natural encontramos las formaciones típicas del ribero, el monte mediterráneo dominado por la encina y diversas especies de jara con una cobertura total del terreno salvo en los afloramientos rocosos. En estos terrenos con suelos tan inestables y raquíticos no se llegan a desarrollar árboles de grandes dimensiones y el matorral nunca es dominado como ocurre en los bosques. En función de la orientación resulta fácil diferenciar la vegetación de las laderas de solana de la de las laderas de umbría. En las primeras la vegetación aparece más empobrecida por la menor humedad siendo dominadas por un encinar con un denso matorral de Jara pringosa (Cistus ladanifer), Ahulaga (Genista hirsuta) y Cantueso (Lavandula stoechas subsp. sampaiana) y de manera testimonial otras especies más abundantes en las umbrías como Olivilla (Phillyrea angustifolia) o Torvisco (Daphne gnidium). En algunas zonas especialmente térmicas el Acebuche (Olea europaea subsp. sylvestris) puede ser la especie dominante acompañado de Espino negro (Rhamnus oleoides) y Esparraguera blanca (Asparagus albus). En las umbrías el panorama cambia completamente y la vegetación se diversifica enormemente, la Encina sigue siendo la especie dominante aunque ahora hay varias especies arbustivas que compiten con ella como Madroño (Arbutus unedo), Labiérnago de hoja ancha (Phillyrea latifolia), Cornicabra (Pistacia terebinthus), Lentisco (Pistacia lentiscus), Arce (Arce monsspessulanum), Durillo (Viburnum tinus), Brezo arbóreo (Erica arborea), Majuelo (Crataegus monogyna) y Piruétano (Pyrus bourgaeana) que llega a formar densos bosquetes. En determinadas zonas donde los suelos están más desarrollados o la humedad es mayor otros árboles como el Quejigo (Quercus faginea subsp. broteriana) y el Almez (Celtis australis) enriquecen la vegetación. Por el contrario, en suelos raquíticos el Enebro (Juniperus oxycedrus) aparece de manera muy puntual pero a lo largo de todo el Parque. En estas zonas umbrosas y por efecto de las nieblas abundantes un líquen epífito la Ramalia (Ramalia farinacea) crea grandes cabelleras en las ramas de árboles y arbustos mientras que un helecho con aspecto de líquen la Pinchuíta (Selaginella denticulada) tapiza grandes extensiones de suelo. Bajo este monte se refugian algunas pequeñas plantas de gran belleza como la Orquídea (Orchis morio) que forma poblaciones de miles de individuos, la Meleagria (Fritillaria lusitanica) o la Litodora (Lithodora prostrata).

En los roquedos de umbría encontramos comunidades rupícolas dominadas por el helecho Polipodio (Polypodium cambricum) junto a otras especies que pueden aparecer también en zonas más secas como Dedadela (Digitalis thapsi), Candilillo (Arisarum simorrhinum) o Manzanilla yesquera (Phagnalon saxatile). En los cañones graníticos aparece también la Clavellina de roca (Dianthus lusitanus) junto a cornicabras.

Los cursos de agua estacionales mantienen como vegetación ribereña cordones de un arbusto pinchudo, el Tamujo (Flueggea tinctorea), mientras que en los cauces permanentes no afectados por la zona embalsada se mantiene el Fresno (Fraxinus angustifolia), la Sarga blanca (Salix salviifolia) y algún Aliso (Alnus glutinosa). En los tramos altos del río Sever se mantiene una cerrada formación boscosa ribereña dominada por el Aliso con lianas de Parra silvestre (Vitis vinifera var. sylvestris) y grandes matas de Helecho real (Osmunda regalis).

Dentro de las especies de flora del Parque Natural y su entorno hay que destacar al Lirio Amarillo (Iris lusitanica) endemismo lusoextremadurenses que sólo aparece en el centro de Portugal y la provincia de Cáceres y que alcanza en la zona del Tajo Internacional, en ambas orillas, su área de mayor importancia numérica. Aparece sobre zonas pizarrosas en los riberos. La orquídea Serapia verde (Serapias perez-chiscanoi) también endemismo lusoextremadurense, para la que el Parque representa su límite norte de distribución. La planta carnívora Flor de Rocío (Drosophyllum lusitanicum) que aparece de manera muy puntual y escasa en 5 provincias españolas y varios distritos portugueses y en el norte de Marruecos. Y por último, el Carballo (Quercus robur), especie muy rara en Extremadura, donde ocupa básicamente gargantas serranas del Sistema Central, y cuyo origen en el Parque es un misterio pero que cuenta con unos pocos ejemplares de pequeñas dimensiones próximos al río Tajo y que pueden ser procedentes de bellotas transportadas por las palomas torcaces.

Fauna

Sin duda son las aves el grupo faunístico que mayor importancia tiene en la zona, desaparecidos el Lobo y el Lince Ibérico. Esto puede explicarse por la unión de un entorno pseudoestepárico reconocido internacionalmente como los Llanos de Brozas-Alcántara con los riberos del Tajo y sus afluentes, tranquilos y con multitud de roquedos adecuados para la nidificación de grandes aves. Por otro lado, la cercana Sierra de San Pedro ejerce un papel claro de donante en el caso de especies tan emblemáticas como el Buitre negro o el Águila imperial ibérica. Una revisión de los datos poblacionales de algunas de estas especies en las dos orillas del Parque nos dará cumplida cuenta de la importancia de este espacio natural a nivel internacional.

El Águila imperial ibérica (Aquila adalberti) cuenta en la actualidad con 3 parejas reproductoras y es precisamente aquí donde ha criado por primera vez la especie en territorio portugués después de muchos años extinguida. El Águila perdicera (Hieraetus fasciatus) mantiene 7 parejas reproductoras, el Águila real (Aquila chrysaetos) cuenta con 11 parejas seguras aunque la tendencia a anidar en encinas y acebuches de los riberos de buena parte de las parejas controladas hace sospechar que la población puede ser superior a esta cifra. No faltan las otras tres especies de águilas ibéricas en esta zona como reproductoras comunes el Águila calzada (Hieraetus pennatus) y el Águila culebrera (Circaetus gallicus) y como invernante el Águila pescadora (Pandion haliaetus). El Buitre negro (Aegypius monachus) mantiene una población de 40 parejas reproductoras, que aunque muy alejadas de las cifras de Monfragüe o San Pedro, muestra un tendencia claramente expansiva tanto numérica como territorialmente. El Buitre leonado (Gyps fulvus) mantiene en la zona más de 100 parejas reproductoras aunque sus efectivos son muy superiores al existir numerosos dormideros de la especie dentro del Parque. Podemos citar como curiosidad que en esta zona se han realizado varios avistamientos del africano Buitre moteado (Gyps rueppellii) en colonias de leonado con una posible cita de reproducción en el lado portugués, que sería la primera para Europa de esta especie. Sin duda, el Alimoche (Neophron percnopterus) es el ave más característica de la zona, con 32 parejas reproductoras y una tendencia al alza, mantiene aquí una de sus mayores densidades europeas. La última gran rapaz de la zona es el Búho Real (Bubo bubo) del que no hay datos poblacionales completos, pero que mantiene una población que debe ser superior a las 20 parejas.

La otra gran estrella de este espacio natural es la Cigüeña negra (Ciconia nigra) con 22 parejas dentro de la zona protegida y más de 10 parejas adicionales en el entorno. En la cantera de El Cabezo (Alcántara), dentro de una de las rutas señalizadas del Parque Natural, tendremos la posibilidad de observar un nido de esta especie junto a otro de Alimoche y varios de Buitre leonado.

Durante el invierno, variando enormemente en función de la cosecha de bellotas en Portugal y Extremadura, se puede asistir en la zona del Parque Natural al espectáculo impresionante de las concentraciones de Paloma torcaz (Columba palumbus) en sus desplazamientos entre dormideros y zonas de alimentación. En años buenos se observan bandos de varias decenas de miles de palomas, incluso cientos de miles, que desde los dormideros de la sierra de San Pedro sobrevuelan los territorios del Parque Natural, en dirección a Portugal. Dentro del Parque existe un dormidero que acoge también miles de estas aves, que se suman a sus congéneres en sus trasiegos diarios.

Las pequeñas aves suelen ser olvidadas en todas las relaciones de espacios naturales, sin embargo merece la pena mencionar a varias especies que anidan en el parque y su entorno como la Collalba negra (Oenanthe leucura), el Roquero solitario (Monticola solitarius), las currucas mirlona (Sylvia hortensis), carrasqueña (Sylvia cantillans) y tomillera (Sylvia conspicillata) y los gorriones moruno (Passer hispanolensis) y chillón (Petronia petronia) muy buscados por los aficionados a la observación de aves del centro y norte de Europa.

Los Llanos Brozas-Alcántara cuyos límites se solapan con los del Parque Natural aportan otra buena cantidad de especies a los aficionados a las aves. La más buscada sin duda será la Avutarda (Otis tarda), que mantiene aquí a una población estable de unas 100 aves, pero estos llanos son conocidos por los aficionados por sus buenas poblaciones de Ganga (Pterocles alchata) y Ortega (Pterocles orientalis). No faltan aquí el Sisón (Tetrax tetrax), el Alcaraván (Burhinus oedicnemus), el Aguilucho cenizo (Circus pygargus), el Cernícalo Primilla (Falco naumanni), la Carraca (Coracias garrulus), la Calandria (Melanocorypha calandra) ni la Terrera común (Calandrella brachydactyla). En invierno también son habituales la Grulla (Grus grus) y el Aguilucho pálido (Circus cyaneus).

En cuanto a los mamíferos, las especies más frecuentes y hasta abundantes serán el Ciervo (Cervus elaphus) y el Jabalí (Sus scrofa), aunque son las especies más pequeñas las que dan importancia a este espacio. Por un lado, sus numerosas colonias de Topillo de Cabrera (Microtus cabrerae), que hacen de esta zona una de las de mayor importancia para este endemismo ibérico y por otro, sus poblaciones de quirópteros, existiendo varios refugios de importancia europea dentro del Parque Natural y su entorno, con especies tan sensibles como el Murciélago mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi) o el Murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii). Por otro lado, los valles del Tajo y sus afluentes son corredores utilizados por estas especies en su tránsito entre refugios portugueses y españoles, como ha demostrado el anillamiento científico. La Nutria (Lutra lutra) también mantiene buenas poblaciones dentro de la zona no estando presente exclusivamente en los cauces ya que es fácil verla en charcas y embalses de la zona.

Por último, hacer una mención a la elevada riqueza piscícola de este espacio natural, que pese a las introducciones recientes de grandes especies depredadoras centroeuropeas como la Lucioperca (Sander lucioperca) o el Siluro (Silurus glanis), que vienen a sumarse a las procedentes de antiguas introducciones norteamericanas como el Lucio (Esox lucius) , Pez Gato (Ameiurus melas) o el Blackbass (Micropterus salmoides), mantiene un alto nivel de endemicidad en su composición faunística con 7 especies endémicas de la Península Ibérica: Barbo común (Barbus bocagei), Barbo comizo (Barbus comizo), Pardilla (Chondrostoma lemmingii), Boga (Chondrostoma polylepis), endemismo de la cuenca del Tajo ahora introducida en las del Segura y Júcar como consecuencia del trasvase, Calandino (Squalius alburnoides), Cacho (Squalius pyrenaicus) y Colmilleja (Cobitis paludica). El mantenimiento de estas poblaciones endémicas sólo es posible gracias a los ríos y arroyos tributarios del Tajo, que ofrecen posibilidades de reproducción y refugio a estas especies sin el peligro de los grandes depredadores introducidos, que fundamentalmente se mantienen en el embalse de Cedillo. La Anguila (Anguilla anguilla) ha sido una pesca tradicional muy valorada en la zona del Tajo Internacional hasta la construcción de la presa de Cedillo, que cortó su ruta migratoria con el mar. Durante años se mantuvo en este embalse una población procedente de ejemplares atrapados de esta especie, de la que aún se pescaban escasísimos ejemplares a comienzo de los años 90 del pasado siglo, pero hoy día parece haber desaparecido.

Valores culturales

La zona del Tajo Internacional ha sido ocupada de manera continua por el hombre desde hace miles de años existiendo un rico patrimonio histórico y cultural que se refleja en grandes monumentos bien conocidos, pero que también es fácil descubrir en la infinidad de bujíos, puentes, bordas, bancales y callejas desperdigados por sus campos que los habitantes de esta zona han construido para la explotación agrícola y ganadera de la zona, formando un rico patrimonio etnográfico digno de conocerse, como lo son las casi desaparecidas barcas picochas trígonas tradicionales del río Tajo. Como reliquias de aquellos tiempos aún se conservan un puñado de artesanos en la zona que elaboran artículos con corcho en Valencia de Alcántara, forjas en Alcántara y Brozas, bordados en Alcántara y carpintería artesanal en Alcántara y Brozas.

No conviene olvidar el Festival de Teatro Clásico que todos los meses de agosto desde 1985 se celebra en Alcántara con el conventual de San Benito como escenario o la Romería de San Isidro de Valencia de Alcántara, declarada de Interés Turístico Regional y que se celebra cada 15 de mayo.

Megalitismo

El conjunto megalítico del Alentejo portugués, que penetra por los terrenos extremeños del Tajo Internacional, es uno de los más importantes de Europa y probablemente el mejor conjunto de dólmenes y menhires. Un patrimonio que por sí mismo justifica la visita a la zona.

Las primeras referencias escritas sobre monumentos megalíticos en la zona las encontramos en las Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara del año 1489, que tras varias enmiendas y actualizaciones fueron confirmadas en el año 1535 por el emperador Carlos I. Según este documento los dólmenes funcionarían como hitos territoriales en la demarcación de propiedades, así como referencia a los legisladores de la época para determinar en qué lugares podrían realizarse las “estercadas”.

Parece que la materia prima fue la causante de la variabilidad arquitectónica que se aprecia en su recorrido, distinguiéndose dos grandes grupos: los monumentos compuestos por pizarra y los compuestos por granito. No parece complicada la tarea de extracción de la materia prima, pues los afloramientos de la misma rodean en la mayoría de los casos las sepulturas megalíticas, de forma que en el caso de los afloramientos graníticos, identificada una fractura abierta, se facilitaba la extracción de las lajas con las dimensiones requeridas en estos monumentos. Igualmente, en el caso de los dólmenes de pizarra, se buscaban formaciones rocosas con esquistosidad vertical, que favorecía la extracción de lajas mayores. Las diferencias de tamaño entre unos y otros monolitos obligaban a la consiguiente proporcionalidad de personas envueltas en su transporte, que en el caso de los elaborados con granito exigían de la colaboración de varias decenas de personas.

En cuanto a las técnicas de construcción se distingue entre los pequeños monumentos de pizarra, uniespaciales en su mayor parte, de los grandes monumentos de granito con cámara y corredor. Sus distintas ubicaciones también evidenciaban las riquezas de recursos naturales aprovechables para unos y otros pobladores, y consiguientemente la suntuosidad de los ajuares hallados en unas y otras sepulturas, con ajuares de mayor sencillez en los monumentos de la región de las pizarras.

En cuanto a la construcción de los menhires, los afloramientos graníticos existentes en la zona servían de piezas susceptibles de talla y retoque a partir de los propios bloques naturales en toda su altura y contorno.

Actualmente, podemos disfrutar de diferentes rutas que recorren los impresionantes conjuntos megalíticos, de los cuales el de Valencia de Alcántara con sus 55 dólmenes y 2 menhires es uno de los más importantes de Europa, siendo declarado en 1992 Bien Cultural con Categoría de Zona Arqueológica, y ello sin olvidar la casi treintena de pequeños espacios funerarios en Cedillo, así como las sepulturas megalíticas de Herrera de Alcántara y el conjunto de 25 dólmenes de Santiago de Alcántara, de los que podemos visitar el dolmen excavado de las Lagunitas III.

En Valencia de Alcántara son 10 las rutas dispuestas para la visita del viajero: La primera recorre las zonas de las Lanchas hasta el Corchero; la segunda, las zonas de Huerta de las Monjas, tapada del Anta, la Miera y la Barca; la tercera, visita las zonas de Caparrosa y El Palancar; la cuarta se ubica en la zona de la Zafra; la quinta recorre la zona de las Tapias; la sexta, las zona de la Aceña; la séptima, por San Antón, Valbón y Huerta del Látigo; la octava, en la zona denominada el Torrejón; la novena, en Tiracalzas, y la décima, en la zona llamada Chaves. Además, Valencia de Alcántara alberga los menhires conocidos como la Porra del Burro y los del Valle de San Benito que dan nombre a la zona que los acoge. El primero de ellos, sobresale tanto por sus dimensiones como por su caprichosa forma fálica. El hallazgo de un gran número de piedras de distintos orígenes que aparecieron en el lugar podría atestiguar que poblaciones de otras regiones se desplazaban a este lugar para la práctica de rituales paganos. La tradición popular dice que las parejas de jóvenes enamorados sabían los años que les separaban de la boda a través de los intentos fallidos de colocar una piedra sobre el afloramiento.

Otras manifestaciones de la cultura prehistórica las encontramos en las pinturas rupestres de las cuevas de El Buraco y la Grajera de unos 5.000 años de antigüedad y ubicadas en el término municipal de Santiago de Alcántara. En la cueva de El Buraco las pinturas de color rojo presentan 25 motivos que se pueden clasificar en figuras humanas semiesquemáticas, ídolos y digitaciones y podrían relacionarse con rituales de contenido mágico y religioso.

De forma más dispersa podemos encontrar otros restos prehistóricos dentro del área del Tajo Internacional como los restos del castro del Cerro do Castelo en Herrera de Alcántara, las tumbas antropomorfas de Membrío o el magnífico menhir de El Cabezo en Alcántara.

La herencia romana

Sin duda alguna una de las joyas de la ingeniería romana es el puente romano de Alcántara, un motivo suficiente por si mismo para visitar la zona. Construido entre los año 104 y 106 “para que durase mientras existan los siglos” en palabras de su constructor. Se encuentra en una entalladura del río Tajo de 194 m de longitud y 71 m de altura y está formado por 6 arcos desiguales con cinco pilares. Todo él está elaborado por sillares de granito almohadillado de 40-50 cm. Junto a él se erigió un templete donde se enterró a su constructor Cayo Julio Lacer. El puente se erigió en honor al César de origen hispano Trajano y sobre él discurría la calzada que unía Norba (Cáceres) con Conimbriga (Condeixa-a-Velha). La magnitud de este monumento ha sido apreciada desde antiguo, tal es así que los musulmanes llamaron a este lugar Al-qantara, que significa El puente en árabe. En 1475 el rey portugués Alfonso V El Africano considerándose heredero de la corona de Castilla planteó cruzar el puente con sus tropas para reclamar sus derechos, como quiera que los castellanos decidieron demolerlo para evitarlo, el rey luso hizo comunicar a su oponente castellano que daría un rodeo pues “no quería el reino de Castilla sin aquel edificio menos”.

Pese a todo, el puente ha sido cortado numerosas veces por guerras fronterizas y con los musulmanes. Carlos I en 1543 ordena su recomposición añadiéndole el arco central almenado. En 1707 (Guerra de Sucesión) se vuelve a demoler un arco y de nuevo en 1809 (Guerra de Independencia) se demuele un arco por última vez. En 1860 Isabel II ordenó la recomposición de este arco volado por los franceses y que desde entonces se había cubierto con un arco de madera.

Muy próximo a este puente, cruzando el río Erjas que aquí hace frontera entre España y Portugal, se encuentra otro puente romano construido por el mismo constructor y en la misma época, resultando una réplica en miniatura del puente de Alcántara. Sobre él cruza la carretera que une Piedras Albas con la localidad portuguesa de Segura. También sobre él se aprecian las huellas de la guerra y en este caso las reconstrucciones no han sido tan afortunadas como las realizadas en su hermano mayor.

El Castillo de Peñafiel

Situado a 3 km de la villa de Zarza la Mayor al borde del cañón del río Erjas se trata de una construcción de origen musulmán levantado en el siglo IX con la denominación de Racha Rachel. Plaza secundaria no es hasta 1166 cuando pasa a formar parte de la línea fronteriza de castillos que marcaban la frontera entre el reino cristiano y el musulmán. Conquistado en 1212 por Alfonso IX pasa denominarse Peñafiel y se le nombra cabeza de Encomienda de la Orden de Alcántara.

A partir de 1410 el castillo va perdiendo importancia respecto a la villa de Zarza que acoge ahora a la mayor parte de la población. En 1640 durante la Guerra de Independencia de Portugal el castillo es arruinado.

Se trata de una construcción simple compuesta por una torre de homenaje gótica del siglo XV con tres plantas con una destacable ventana bigeminada en su cara oeste y una muralla de mampostería que la rodea. Actualmente se trata de una propiedad privada y por tanto requiere permiso para su visita.

Convento de Alcántara

En 1218 la portuguesa orden de Sao Juliao de Pereiro pasa a denominarse Orden Militar de Alcántara tras la conquista de la localidad de ese nombre. Entre 1505 y 1574 se trabaja en la construcción de la que será la casa principal de la Orden, un centro de poder desde el que se dirigirá el destino de reinos enteros. En una primera fase gótica el arquitecto Pedro Larrea construye el claustro y posteriormente en estilo plateresco Pedro de Ybarra construye la hospedería y la iglesia.

Iglesia de Santa María de Almocóvar

Esta iglesia situada en la villa de Alcántara presenta una serie de curiosidades que la hacen imprescindible, por un lado su nombre de origen musulmán, que según algunas traducciones podría significar el lugar más alto y que podría ser heredado de la mezquita sobre la que está edificada, por otro su portada principal de 1281 y estilo románico, una de las escasísimas muestras de este estilo en Extremadura y probablemente una de las más meridionales. Finalmente, en su interior se conservan la pila bautismal de San Pedro de Alcántara y cinco tablas de Luis de Morales.